Arbitrapedia

No ha de ser confundido con el estudio de los Arbitrópodos, la Arbitropedia

Conjunto de árbitros que se contienen a sí mismos. La etimología de la palabra es en sí misma una parajoda inventada por Marcos Rasel, quien en una carta que escribió a su amigo René Lavant le preguntaba si el conjunto de los conjuntos que no forman parte de ellos mismos forma parte de sí mismo. La paradoja consiste en que si no forma parte de sí mismo, pertenece al tipo de conjuntos que no forman parte de sí mismos y por lo tanto forma parte de sí mismo. Es decir, formará parte de sí mismo solo si no forma parte de sí mismo.
Este pensamiento devoró poco a poco su cordura, y en un ataque de ansiedad lo llegó a exponer en un programa televisivo donde el animador le pidió que lo graficara con cosas concretas porque no lo entendía, entonces Marcos Rasel apeló a la siguiente metáfora:

En un lejano poblado de Santiago del Estero había un árbitro llamado Javier Castrilli diestro en arbitrar partidos de Tejo, y fumador de habanos. Un día el gobernador peronista se dio cuenta de la falta de árbitros en el feudo, y ordenó que los árbitros solo arbitraran a aquellos jugadores de tejo que no pudieran hacerlo por sí mismos. Cierto día el gobernador peronista llamó a Castrilli para que le arbitrara un partido de Ludo, y él le contó sus angustias:

- En mi pueblo soy el único árbitro. Si me arbitro, entonces puedo arbitrarme por mí mismo, por lo tanto no debería de arbitrarme el árbitro de mi pueblo ¡que soy yo! Pero si por el contrario, no me arbitro, entonces algún árbitro me debe arbitrar ¡pero yo soy el único árbitro de allí!

El Gobernador peronista pensó que sus pensamientos eran tan profundos, que le pidió a un asesor Sintético que le asesorara con aquello, a lo cual el asesor inmediatamente sentenció que le cortaran la cabeza, ya que nadie arbitra lo que Chuck Norris ha arbitrado, Chuck Norris no juega a los dados. El árbitro rogó, pero no fue escuchado.

Contada la parajoda Marcos Rasel volvió a su casa más tranquilo, donde lo esperaban tres agentes federales que le dieron nuevo destino. Con el tiempo, la parajoda se hizo conocido por todos, y llegó a usarse en muchísimos ámbitos como expresión de aquel árbitro que pedía, pedía, pero que las súplicas caerán indefectiblemente en saco roto. Por lo demás, de Rasel no se supo más nada y prácticamente se lo desconoce.

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